¿La asexualidad es una identidad ?

03/03/2016

La asexualidad es una identidad que pone en entredicho el instinto animal que gobierna a las personas desde la pubertad. Estamos presentes en una sociedad que bien podría ser definida como “sexocentrista”. Las plegarias de la vida actual bien podrían definirse como los cánticos eróticos-festivos que excluyen rotundamente la posibilidad de no demostrar abiertamente un desinterés por el acto sexual.

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Pese a que nos enfrentamos ante un, podríamos denominarlo como estilo de vida, la asexualidad está cada vez más presente y se defiende con argumentos más sólidos y reivindicativos.

En 2001 David Jay funda la web AVEN (Asexual Visibility and Education Network) que se convierte en la comunidad asexual más grande del mundo y principal fuente de información. Gracias a ello, el colectivo asexual ha conseguido hacerse más visible a través de las redes. Ejemplo de ello es la campaña que se inició en Twitter con el hashtag #AceDay (día del as en inglés), que pretendía celebrar el primer “Día de la Visibilización Asexual”. Las personas participantes tenían que hacerse un selfie mostrando un as que, según del tipo que fuese, correspondía a distintas variantes dentro de la asexualidad :

– As de picas : no siente atracción sexual ni romántica.

– As de diamantes : demirromántico o demisexual, que siente atracción romántica o sexual únicamente cuando hay un vínculo emocional fuerte con la persona.

– As de corazones : alorromántico asexual, que experimenta atracción romántica, pero no impulso sexual.

– As de trébol : se identifican dentro de la asexualidad, pero están inseguros o se cuestionan su orientación romántica.

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Pese a las reivindicaciones y la puesta en común que pretende hacer este grupo, una cosa queda clara, los argumentos resultan monotemáticos, y todos los tipos de ases giran en torno a una idea : sexo, sexo y, nuevamente, sexo.

Por todos es sabido que en el amplio sentido de la palabra, el sexo siempre tiene como consecuencia algún tipo de estímulo, instaurándose como un estímulo para el consumo y el  mercado, suponiendo unas grandes sumas de dinero en el ámbito del marketing y la publicidad.

Con éste panorama, ¿Dónde quedan enmarcadas las necesidades de quienes no demuestran un interés por lo sexual ? ¿Cómo afrontan el día a día en éste ambiente tan hipersexualizado en todos los sectores y contextos sociales ?

A continuación os mostramos la sensación y testimonio anónimo de una persona con inclinación asexual.

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“Yo no concibo qué son las ganas insoportables de mantener una relación sexual con alguien que sea, o no, tu pareja. Si me dan a elegir, con los ojos cerrados prefiero comer un yogur de esos con trocitos de frutas que a nadie le gusta.

Nunca he sentido lo que cuentan de que, al cruzarte con alguien por la calle, de repente te surgen unas ganas irrefrenables de mantener un encuentro con esa persona o simplemente disfrutar de un roce erótico que dure al menos un segundo.

Sé perfectamente lo que es la belleza, la reconozco e identifico ; los medios, el entorno, y sobretodo los anuncios, se encargan de informarme cuáles son los cánones en cuanto a lo que ale y lo que no para que alguien te resulte atractivo. (Cuando menciono esto, hago referencia a aquellas películas pastelosas o los videoclips de reggaeton ; o incluso a los anuncios comerciales de sistemas de depilación que siempre rasuran una zona sin vello…).

Lo que me llena de verdad es una conversación interesante, no tiene que ser profunda ; cuando el arte de la retórica es del todo atractiva, me sube cierto calor que me recorre la espalda. Entonces la otra persona me mira con ojillos camelantes y leo perfectamente cómo busca de mí un contacto sexual explícito. Ahí es cuando le digo que se me ha muerto el unicornio y me transformo en riachuelo para pasar mejor por el resquicio de la puerta del bar. Con el tiempo, he ido mejorando el método de huida. Al principio me transformaba en cabra, pero me acababa dejando los cuernos contra la pared y rara vez encontraba la salida.

He ido al psicólogo treinta veces, ni una más y ni una menos. Mi carta de presentación fue “Todas mis amigas suspiran por los huesos de alguien, ¿por qué yo no ?”. Me preguntó si me masturbaba, luego me dijo que probase a experimentar con un consolador y, finalmente, me diagnosticó Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo. Me sonó a Venta por catálogo, sobretodo porque se empeñó en que debía de llevar a cabo un tratamiento de hormonas ; a lo cual le respondí con un evidente y rotundo –No-.

fotolia_101826688Con 27 años tuve mi primera pareja estable.  Su libido y hormonas estaban perfectas y, al principio, le costó bastante la idea de que mi apetito por su cuerpo no fuese muy alto, pero abrimos la relación. Ella tenía otras parejas sexuales y yo mi nevera llena de lácteos. No me incomodan los besos en la boca ni el toqueteo, incluso a veces nos hemos acostado porque sé que para ella es algo importante, otro formato más de comunicación humana, y lo respeto.

He tardado quince años en darme cuenta de que el problema no lo tengo yo, sino la sociedad, que utiliza el sexo hasta para vender un spray antigrasa. Una cultura obesionada con el sexo fabrica seres hipersexuales y, desde luego, sudo mares oceánicos de drogarme para dejarme seducir hasta por mi sombra. Bastante tengo con evitar que me caduquen los yogures o intentar persuadir a mi pareja de que no se atiborre de chocolate.”

 

  1. ESTOY COMPLETAMENTE DE ACUERDO.

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